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Los Dos Carruseles (Gil Blas Ilustrado) — Historia y Análisis

Lo que atrae la mirada primero en Les Deux Manèges es la tranquila gravedad con la que Théophile Alexandre Steinlen escenifica un simple placer parisino: el carrusel. La escena está impregnada de anticipación, no de movimiento. Un trío de niños, cuyas caras son un estudio de anhelo y cálculo, se encuentran ante los caballos pintados, separados del paseo por una fila de postes verticales que funcionan como una especie de barrera suave entre el deseo y la realización.

La paleta es apagada, casi ahumada, con las luces del carrusel y la multitud más allá representadas como un borrón, sugiriendo la calidad efímera, casi onírica, de tales momentos en la infancia. La línea de Steinlen es tanto tierna como implacable: el anciano que cuida de los caballos está encorvado y cansado, un contrapunto silencioso a la esperanza erguida de los niños. Esta imagen pertenece a un mundo donde la ilustración era tanto noticia como arte, donde el semanal Gil Blas Illustré traía los entretenimientos, escándalos y poesía diaria de la ciudad a un amplio público. Publicada en 1892, en un momento en que París estaba rebosante de nuevos entretenimientos y la prensa ilustrada alcanzaba su cenit, esta obra captura el teatro social de la feria, un escenario donde las clases se mezclaban y los niños aprendían a esperar su turno.

Steinlen, más conocido por sus representaciones simpáticas de la clase trabajadora y la vida callejera de Montmartre, aquí dirige su mirada a los rituales del ocio. La historia ha dejado pocos rastros de estos placeres efímeros, pero la mano del artista preserva la tensión del momento, invitándonos a quedarnos, como los niños, un poco más antes de que comience el paseo.

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