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Tres figuras caminando en fila — Historia y Análisis

Una única y casi cómica procesión avanza por un vasto y vacío campo de papel: tres figuras, representadas en las audaces y esqueléticas líneas que solo podrían pertenecer a José Guadalupe Posada. Los dos primeros son hombres vivos, con posturas encorvadas y dudosas, mientras que el tercero—indudablemente una calavera—los sigue de cerca, con la mano levantada como si los instara a seguir adelante. El escaso uso de tinta por parte del artista los deja varados en un mar de blanco, su pequeño drama magnificado por la vacuidad que los rodea.

Hay una sensación de humor e inevitabilidad en su marcha, como si la calavera fuera un compañero familiar en lugar de una amenaza. Esta impresión pertenece a un mundo donde la sátira y el comentario social caminaban de la mano con lo macabro. A finales del siglo XIX en México, impresiones como esta eran baratas, populares y estaban en todas partes—vendidas en mercados, pegadas en paredes, deslizadas en periódicos. Las calaveras de Posada se convirtieron en íconos de la época, burlándose de políticos, poderosos e incluso de la muerte misma.

El Museo Metropolitano de Arte, que ahora posee esta obra, la data entre 1880 y 1910, un período de rápidos cambios e inquietudes. La historia ha dejado pocos rastros del contexto original de esta impresión en particular, pero su astuto humor y su simplicidad contundente nos invitan a mirar de nuevo—y quizás a sonreír ante la calavera en nuestra propia procesión.

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