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Degas - Mujer en su baño, c. — Historia y Análisis

Cuando Edgar Degas exhibió su serie de mujeres bañándose en la década de 1890, los críticos se sorprendieron por su franqueza e intimidad. Mujer en su baño, c. es una de estas obras tardías, y su característica más llamativa es cómo desafía la tradición del desnudo femenino: en lugar de una Venus posada, Degas nos presenta a una mujer absorta en su propio mundo, ajena al espectador. Este enfoque era tan novedoso que un crítico contemporáneo escribió: "Uno se siente casi un intruso".

La obra se encuentra entre varias versiones que Degas realizó de mujeres bañándose, cada una explorando diferentes ángulos y gestos, como si el artista estuviera rodeando a su sujeto en busca de la verdad. Aquí, la mujer se inclina hacia adelante en un momento privado, dándonos la espalda, su forma delineada por una luz suave y difusa. La bañera, la toalla, los muebles simples: estos no son elementos para la seducción, sino las herramientas ordinarias de la vida diaria. El uso del pastel por parte de Degas (si, como es probable, este es el medio) crea una textura polvorienta que evoca tanto la carne como el agua, difuminando la frontera entre la figura y el entorno.

A diferencia de las odaliscas pulidas de Ingres o los desnudos confrontativos de Manet, la bañista de Degas no es idealizada ni invitante; simplemente es ella misma, perdida en el acto de lavarse. La composición, con sus bordes recortados y perspectiva inclinada, recuerda la influencia de las estampas japonesas, que fascinaban a Degas y sus contemporáneos. La historia exacta de esta versión particular, Mujer en su baño, c., no está completamente documentada, ya que Degas a menudo mantenía tales obras en su estudio, retrabajándolas a lo largo de los años y a veces vendiéndolas solo al final de su vida. Muchas de sus bañistas entraron en colecciones privadas antes de llegar a museos públicos en el siglo XX.

Hoy en día, las obras de esta serie son reconocidas como un punto de inflexión en la carrera de Degas, marcando su cambio de la pintura al óleo al pastel y su creciente enfoque en los momentos íntimos y cotidianos de la vida moderna parisina. La pintura se erige como un testimonio de la inquieta experimentación de Degas y su mirada inquebrantable a las realidades del cuerpo humano.

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